Poco importa que Bush haya reconocido días atrás que “Estados Unidos no está ganando la guerra en Irak”, en clara contraposición con lo que opinaba en plena campaña legislativa. Cuando se ha iniciado la guerra no hay marcha atrás.
Tal como sostuvo el presidente estadounidense, Goerge W. Bush, ante el periódico The Washington Post: “No estamos ganando, no estamos perdiendo”. Simplemente, esto ocurre por que las guerras no tienen vencedores ni vencidos. Muy por el contrario, la situación que se prolonga desde marzo de 2003 en Irak afecta tanto a conquistados como a los supuestos “paladines de la libertad”. Sin embargo, la obligación de sostener no sólo un régimen sino, asimismo, un discurso político y ciudadano obliga a que los mismos soldados asentados en tierras extranjeras se vean forzados a continuar expandiendo la masacre.
A pesar de que el último informe del Pentágono alarma sobre un promedio de “959 ataques semanales”, las tropas asentadas en Irak le transmitieron al flamante secretario de Defensa y ex Jefe de la CIA, Robert Gates, la necesidad de incrementar el número de efectivos en el país árabe. Coincidiendo con el discurso de fin de año del primer mandatario estadounidense, quien a la vez que deseaba una felíz navidad se despachaba con su intención de enviar un contingente de
entre 15.000 y 30.000 marines y soldados, el especialista Jason Glenn le confió a Gates:”Señor, yo pienso que necesitamos seguir haciendo lo que estamos haciendo”. Hasta la muerte.
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