4 meses, 3 semanas, 2 días… 1 muerto, 0 vida.

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Máspelicula.jpg allá de que ser una de las ganadoras de la “Palma de oro” permitió que la película rumana llegara a las grandes cadenas de cine y, por ese embudo, a mis sentidos;  pelicula.jpgpelicula.jpgconsidero que el trasfondo político implícito en el film y en quienes deciden masificarlo hace que valga la pena analizarlo.

El film, que fue estrenado en Rosario el jueves pasado (en Bs. As, por supuesto, se estrenó una semana antes), trata sobre el aborto de una jóven estudiante universitaria. Ni más ni menos, la “historia” en sí simple, contiene una temática compleja que a lo largo de los siglos aún no se ha resuelto. Pero antes de inmiscuirme en la cansadora discusión sobre si éste debería ser permitido o no (de más está decirlo: como mujer y como ser humano con libre albedrío opino que el estado no debería meterse, también, en un tema tan delicado que tiene que ver con cuestiones personales), particularmente destaco ciertos aspectos de la historia que Cristian Mungiu quiso construir.

No se trata de un aborto cualquiera y, por muy feo que suene, es así porque no sólo versa sobre uno realizado cuando el feto ya lleva alrededor de 4 meses de gestación, un tiempo excesivamente peligroso para la realización de esa práctica y en un momento donde los propios médicos reconocen la existencia de vida (¿conciencia?), sino, fundamentalmente, porque se lleva a cabo en el año 1987 y del otro lado del mundo capitalista: en Rumania, antes de la caída del muro.

Este no es un hecho menor en el film….por el contrario, hasta cierto punto, al espectador le queda la terrible impresión de que las cosas hubieran sido más fáciles para una de la protagonistas si no viviera en Rumania. El aborto en sí es practicamente dejado de lado en todo momento y sólo constituye una imagen externa a la historia: como si se tratara de un inmenso fantasma que lo explica todo y, a su vez, podría simplemente no estar allí. Por momentos, hasta parece más relevante la falta de cigarrillos en una sociedad en que a la falta de dinero se le suma la necesidad de recurrir continua y abiertamente al tráfico de lo más simple: como un jabón “Lux” o determinada marca de fasos.

El lugar es fundamental. Las escenas se producen continuamente en espacios lúgubres y en el que continuamente se percibe el temor hacia fuerzas de seguridad que lo controlan todo a pesar de que nunca son vistas en las apróximadamente dos horas de duración. Todo sale bien, sin embargo. La jóven logra hacerse el aborto, momento en que su amiga y las peripecias que soporta para que esta pueda sacarse el feto de encima dejan lugar a la impactante imagen de una figurita ensangrentada en la que logra percibirse un rostro. Como si algo le faltara a la película para dejar a nuestra sociedad, la capitalista, conforme: el feto es tirado por el tubo de la basura de un edificio.

¿Qué más? La película nunca juzga a la protagonista y a su amiga embarazada. Sin embargo, te deja el terrible sinsabor de que se produjo un cruel asesinato. Como si algo más le faltara para llevarse todos los aplausos: que la rumana de 1987 era una “sociedad terriblemente injusta”, propensa a toda clase de abusos (por momentos te hace pensar que hasta para el aborto somos mejores!!), llena de “condiciones límite” y hasta “retrógrada” en un montón de aspectos. Por supuesto, merece nuestra Palma de oro, la que premia por el gran trabajo que nuestra sociedad quiere ver.

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