
Justo cuando se conoce sobre una nueva liberación de rehenes de las F.A.R.C. (cuatro, para ser exactos), encuentro una entrevista realizada por el diario La a Jesús Izquierdo, un sociólogo colombiano que analizó a través de su libro “Meninos näo choram” el fenómeno de la guerrilla desde dentro. Es decir, quienes la integran y sus porqués. Para el mismo, quienes adhieren voluntaria o involuntariamente y quienes se alejan del movimiento político armado, se sienten “perdidos y sin horizontes”.
Sin obviar la postura política del medio que publica la información y el hecho, casi fundamental, de que Izquierdo (paradójicamente no parece serlo) esté interesado en promocionar el libro que podrá encontrarse en versión castellana en junio próximo; no deja de ser relevante la posibilidad de acercamiento al corazón de las F.A.R.C. que le fue brindado y desde la cual analiza la pervivencia de un grupo que ha logrado arrebatar su propio territorio a Colombia e imponerse en el mundo como un sector beligerante (aunque desde lo oficial para afuera, no se reconozca).
En la entrevista, por demás acotada de La Nación, el sociólogo afirma varios puntos de interés:
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El fenómeno de las F.A.R.C. puede dividirse en dos momentos:
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en sus inicios: ocupó un espacio político relegado por el Estado que fue germen para el apoyo de campesinos y los sectores más humildes.
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desde la vinculación con el narcotráfico: las ideas igualitarias y de una sociedad mejor quedaron en el trasfondo pero ya fue necesario ampliar el brazo armado de la fuerza para lo cual se comenzó a incorporar jóvenes aunque sea por la fuerza.
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Quienes conforman el cuerpo militar pueden dividirse en:
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aquellos que aspiran a salir de su dramática condición de trabajadores rurales y que encuentran más posibilidades en una comunidad militar de tipo meritocrática. La idea de justicia y ascenso se defiende firmemente a través de un férreo control de las filas y una reglamentración que estipula el castigo mortal para las faltas más graves.
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quienes no conocieron otra vida más que la estrictamente reglamentada de la guerrilla por haber sido capturados cuando no contaban más de doce años y, por tanto, han absorvido el discurso casi fundamentalista del movimiento.
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La idea de no futuro: se encuentra tanto en aquellos que fueron empujados por su condición social como por aquellos que fueron obligados a unirse a las F.A.R.C. La única lealtad es con la ideología mientras que la amistad y hasta la idea de conformar una familia son deshechadas en pos de la supervivencia en un espacio de condiciones difíciles. Sin embargo, aun para aquellos que han abandonado la fuerza, el cambio de una vida extremadamente reglamentada a una de mayores libertades parece dejarlos fuera de todo sistema. Como perdidos entre dos mundos paralelos.
Quizás lo mismo ocurra con Colombia, en dónde el día a día lleva a enajenarse de una realidad que ha obligado ha achicar las fronteras del país sin que el ciudadano medio llegue siquiera a darse cuenta hasta el punto en que ese espacio de selva se convierta en un nuevo país casi mítico, espartano, entre lo propio y lo ajeno.
¿Uds. qué opinan?
Archivado bajo: Latinoamérica, Noticias, Política, Terrorismo | Etiquetado: Colombia, F.A.R.C., guerrilla, niños combatientes, secuestro










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