Había una vez…

Cristina Kirchner desde el poder.…un país del que preferí no hablar en este blog. Sin embargo, cuya realidad internacional me obligó a un análisis ( que no tardé siete días sino 14 en dilucidar). El conflicto del  campo no está sólo sino que lo acompaña una mujer. Cristina Kirchner se llamó y todos la putearon…

Este post que pretende colocar algo de humor a la crisis agraria sin precedentes que atraviesa el país desde que se anunciaran las retenciones móviles el 11 de marzo pasado, no deja de ser serio tal como lo obliga la coyuntura. Un estado de la cuestión que en gran parte ha sido generado por la presidenta de los argentinos y su forma de imponer su plan de gobierno.

Particularmente creo que la situación actual versa sobre el aumento de las retenciones de la soja pero, más precisamente, sobre la falta de una política justa por parte de un estado que a la vez que aparenta fulminar la gallina de los huevos de oro, en realidad, puja por obtener un poder sin miramientos ni restricciones.

El problema que inicia el estado actual de la relación campo- gobierno puede dividirse en tres partes o, más bien, en tres patas que llevan a un equilibrio dificil entre tres visiones del país distintas:

1- Visión de las 4 organizaciones del campo: que sostiene que “las retenciones móviles eliminan a los pequeños y medianos productores”

2- Visión del gobierno nacional: que sostiene que “el campo es el sector más favorecido por la devaluación monetaria y el estado debe asegurar el reparto de esas ganancias”

3- Visión del gobierno provincial:que sostiene que las provincias de mayor producción agropecuaria y que solventan el plan de gobierno “no reciben más que un mínimo porcentaje del 90% de las ganancias que generan”

Pero ¿a quién afecta esta medida que pretende implementar el gobierno? A los grandes terratenientes, sin dudas, no; ya que los mismos pueden optar por disminuír la producción para conducir al aumento de los valores en el mercado internacional de modo que las retenciones no afecten en gran medida las ganancias. Sin embargo, distinta es la situación de los pequeños productores que, de reducir aún más la producción, no pueden sostener costos crecientes a un ritmo inflacionario de hasta el 20 % de cosecha a cosecha. Inevitablemente, ante una mala producción, se verán obligados a vender sus campos. Esta situación afecta duramente a las provincias que han visto empujadas sus ciudades por el crecimiento del sector ganadero y agrícola, que permitió la recuperación de distintas zonas y disminuyó la desocupación al tiempo que fomentaba el comercio.

¿Cómo afecta al gobierno? Duramente golpearía este pronóstico al gobierno de un país pero no a su poderío ya que el superavit se mantendría estable a través de las exportaciones de los grandes pooles de siembra sin modificar practicamente en nada a la balanza comercial (aunque sí a la forma en que sostiene). Sin embargo, esta estabilidad  ya no estaría repartida federalmente sino que se centraría directamente sobre el puño del gobierno, es decir, conduce a un poder estatal que puede brindar a su antojo las remesas de dinero provenientes del campo. El poder es lo que está en puja, una puja donde el campo no es más que un elemento entre el juego de un partido omnipotente y otros tantos opositores y en el que sólo salen favorecidos los que ya son los más poderosos.

Una respuesta

  1. [...] el lujo de guardar los granos para cuando las retenciones no sean tan altas. Hay hambre mientras en nuestro país se especula con que la cosecha les queme los tiempos al sector agrario para poder obtener ganancias no [...]

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