Pluma de sangre

En medio de una entrevista respondieron mi “por qué” con una frase retumbante, ruidosa y friamente segura: “Porque esta sociedad necesita un muerto cada día”. Hablaba de fútbol pero hablaba también de todos nosotros. De los que hacemos periodismo y de los que hacemos este mundo. Por ello, cuando leo sobre el negocio editor a partir del sufrimiento de Ingrid Betancourt, me estremezco.

“Ésta es una selva muy tupida, difícilmente entran los rayos del sol. Pero es desierta en afecto, solidaridad o ternura. Por eso tu voz es mi cordón umbilical con la vida.” Dice la rehén en un lamento ciego que tenía como única destinataria a su madre y que, sin embargo, hoy espera ser publicado por la Editorial Grijalbo bajo el título “Carta desde el infierno” .

“Clara, no te preocupes. Tú finalmente me has salvado la vida. Es lo que yo tengo que agradecerte”. Dice Ingrid Betancourt a Clara Rojas según la ex secuestrada por las F.A.R.C. en la entrevista publicada por la revista colombiana Semana en que se relata las diferencias entre las mujeres tras el intento fallido de huída.

Son palabras de dolor, lágrimas de vida y nada, nada dicen sobre la desesperante situación de una mujer al borde de la muerte. Es, sin dudas, la mercantilización del sufrimiento. Es la falta de escrúpulos comercial que ha llegado al límite de necesitar, cada día, cada minuto, una muerte. La muerte del respeto.

 

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