La coyuntura que favoreció la conquista de América.

El período previo a los descubrimientos y conquistas del espacio americano estructuran la forma, los tiempos, los fundamentos y, en general, el proceso que conformará la historia de la América colonial. Es en ese momento cuando se producen cambios en Europa que hallarán expresión y perfeccionamiento pero también modificaciones en el nuevo continente. Como señalan Bestard y Contreras: “hoy es difícil negar (…)la existencia de cierta continuidad entre la cultura y las instituciones medievales por una parte y sus contrapartida modernas por otra”.Por ello, resulta válido analizar las bases desde la que se produce la expansión española y establecer, aunque sea a grandes rasgos, su persistencia en un contexto distinto al conocido y esperado. En este sentido, propongo valorar la ‘coyuntura’ para situar los descubrimientos y conquistas ya que, como sostiene Pierre Vilar, “los datos más lejanos en apariencia pueden influir en la comprensión de un momento”.

Coyuntura Política.
Durante los siglos XIV y XV asistimos a un proceso de fortalecimiento y de centralización monárquica en la Península Ibérica. Tanto España como Portugal se configuran, por diversos caminos, como dos potencias poderosas y dominantes. Esta superioridad por sobre el resto del continente en términos hegemónicos y en condiciones expansivas se debe a una serie de acontecimientos que nos remontan incluso a los siglos previos.
En España, el tránsito hacia la consolidación territorial comienza con el sinnúmero de enfrentamientos contra los musulmanes que, asentados hacia el 711 d.C, dominarían el territorio durante siete siglos.
Para el siglo XIII, la ‘reconquista cristiana’ se había producido casi en su totalidad: sólo el reino de Granada continuaría siendo un bastión del Islam hasta 1492. Asimismo, en el siglo XIV quedarían definidos los reinos de Portugal, Castilla y Aragón. En 1469, el casamiento de Isabel de Castilla y de Fernando de Aragón, junto con las ascensiones a los respectivos tronos en 1474 y 1479, produciría la unión decisiva de España.
Por otra parte, en el resto de Europa, se daría un proceso simultáneo de fortalecimiento de la cristianización a través de la lucha contra el ‘infiel’ en forma de ‘Cruzadas’; y de conformación definitiva de distintos reinos a partir de diversas guerras interiores que se prolongarían en algunos casos hasta el siglo XV (como la ‘Guerra de los cien años’, la ‘Guerra de las rosas’, etc.). Al mismo tiempo, las fronteras orientales continuarían amenazadas por el avance del Islam y del imperio turco.
De esta forma, mientras que el resto del continente aún definía sus contornos territoriales, la Península Ibérica contó con cierta estabilidad que le permitiría adentrarse en espacios apenas explorados. Un marco económico favorable a la expansión y una hábil utilización del fervor religioso darían el empuje decisivo a la conquista.

Coyuntura ideológica.
A la par que se producían en España los avances hacia la reocupación del territorio, el resto de Europa proseguía con su intentona por recuperar los ‘Santos lugares’. Si bien las ‘Cruzadas’ ya exponían para este período intereses mas económicos que religiosos, dotaron de una justificación teológica a la guerra que no se perdería para la conciencia europea.
De esta forma, la ‘reconquista’ no halló dificultades para insertarse como otro de los frentes donde se combatía la lucha contra la ‘falsa religión’. Incluso pudo hacer su aporte a la posesión de los sitios sagrados al hallar el sepulcro del apóstol Santiago en el ‘Campo de las Estrellas’ (‘Campus Stellas’).
No sólo la idea de ‘Cruzada’ implicaba el perdón de los pecados, de acuerdo a la prédica del papa Urbano II dada en ocasión del primer llamamiento a las mismas, sino que, también, se insertaba en el marco de una sociedad en que las posibilidades de ascenso social se reducían a las pruebas de honor y virtud en lo militar y a las posibilidades de obtener tierras y botín como recompensa.
Todos estos factores jugaron a favor de las conquistas en la misma España pero, asimismo, fuera de ella. Los Reyes Católicos pudieron presentarse entonces como los jefes naturales “de una gran empresa colectiva- una misión de designación divina para derribar los últimos restos de la dominación árabe y purificar la península de cualquier elemento contaminante, como preludio para llevar el evangelio a las partes más remotas de la tierra”.
Las discusiones y medidas tomadas con respecto a los seguidores del Islam prefigurarían la forma que tomarían luego las relaciones con los habitantes del ‘nuevo mundo’. Así como “la riqueza y el poder de los estados musulmanes y las proezas militares de los árabes, persas y seljucíes hacían la imagen convencional europea sobre los bárbaros bastante irrelevante y poco apta para describirlos”, a los indígenas no les correspondería el mismo trato ni el mismo calificativo. Mientras que estos parecían haber ignorado la fe cristiana, los ‘infieles’ (aunque no ‘bárbaros’) defensores del Islam la habían rechazado. Estas diferencias serían visibles en cada una de las determinaciones tomadas por los Reyes Católicos con respecto a los habitantes de América.
Tal como lo señala el requerimiento de 1513: “(…) dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas, libres, sin servidumbre(…) e no vos compelerán a que vos tornéis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad, os quisierdes convertir a nuestra sancta fe católica”. De todos modos, en el mismo documento, se recupera la idea de ‘guerra justa’ propia del período de ‘reconquista’ y se advierte que: “(…) vos harán muchas mercedes; y si no lo hicierdes, y en ello dilación maliciosamente pusierdes, certificamos que con la ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra vosotros y vos haremos guerra…”
Aún mas, cabe recordar que Fernando e Isabel reforzaron el enfoque religioso que habría de tomar la conquista al buscar la autorización papal de Alejandro VI para el establecimiento en unas tierras que ya poseían. En este sentido, cabe recordar que según el principio romano implícito en las Siete Partidas, la posesión era otorgada a sus primeros ocupantes. Sin embargo, el pedido de los reyes tenía otro interés: les permitía “elevar la empresa de las Indias al grado de empresa santa ligando los derechos exclusivos de Castilla a una obligación igualmente exclusiva para que se ganaran a los paganos a la fe”.
A partir de ese momento, las expediciones sumarían frailes a su tripulación con el fin de convertir a los indígenas y supondrían una ocupación permanente.

Coyuntura económica.
Mas allá de que la religión haya justificado la expansión e incluso amparara la conquista en términos ideológicos, existieron razones más mundanas para lanzarse a ella.
De acuerdo a una investigación de Hamilton, en el lapso temporal que va desde el 1400 hasta el 1500, se produce una disminución de los valores de las mercancías en relación con el oro (parámetro internacional de valor). Este proceso es común a toda Europa y habría llevado a los hombres a su búsqueda. Sin embargo, la Península Ibérica contaría con ventajas por sobre el resto del continente.
Tradicionalmente, dicho metal provenía de África, con la cual se entraba en contacto a través de Egipto o el Magreb. Pero, para llegar al oro era necesario el comercio con los mercados y ferias que, a su vez, eran abastecidos por las caravanas que intercambiaban en el interior del espacio. Este tráfico lo encarecía muchísimo a medida que se acercaba a Europa. Entonces, al interés por obtenerlo en forma directa se le sumó su creciente valorización pero, también, una mayor posibilidad de llegar a él por dos factores: avances tecnológicos que disminuían los riesgos de navegación y el encontrarse con un territorio geográficamente estratégico para acceder al continente vecino.
Portugal sería el primero en dar los pasos que lo conducirían a los descubrimientos y conquistas de distintas partes de África.
En 1415 y bajo el gobierno de Enrique el navegante, es tomada Ceuta, una de las plazas clásicas del oro. A partir de ese momento empiezan los viajes hacia el sur, en busca de la verdadera fuente del metal precioso y de un camino que condujera a las especias de la India. Hasta entonces, el comercio con Oriente era hegemonizado por los árabes y el contacto a través del Mediterráneo.
Los intereses portugueses eran puramente comerciales y estarían representados por la instalación de factorías (plazas comerciales fortificadas para la administración del tráfico con el reino) y por la delegación de la explotación a renteros particulares. La corona sólo se reservaba el control y una parte del oro que llegaba a Portugal mediante la reentrega amonedada del mismo.
A pesar de las diferencias, éste sentaría las bases para los siguientes descubrimientos españoles: por una parte, llevaría a la construcción de la carabela que facilitaría la navegación por las costas africanas y perfeccionaría usos y conocimientos de ciertos elementos (como la brújula, los mapas, etc.); por otra parte, conduciría a nuevas expediciones de potencias rivales y a una forma de emplazamiento que permita efectivizar los intercambios.
En este sentido, cabe recordar que España había hallado las islas Canarias antes que Portugal. Sin embargo, la resistencia de los nativos había desalentado los intentos de conquista. La situación cambió con el acceso al trono de los Reyes Católicos. En los mismos confluirían los intereses religiosos y comerciales: “Los consejeros, secretarios y tesoreros de Fernando son catalanes, valencianos y a menudo ‘conversos’ (…)La idea de beneficio, la sed de oro y la esperanza de las especias animan a este núcleo de negocios.(…)Isabel y su confesor, Cisneros, animados por la toma de Granada, sueñan con una victoria decisiva sobre el Islam. Y aquí, de nuevo, el primer objetivo es África”.
En el mismo continente prevalecerá la experiencia obtenida en tiempos de la recuperación del propio territorio: “Antes de que partiera una expedición, se firmaba un contrato formal, o capitulación, entre la corona y el comendador, en las líneas de los contratos que se hicieron en el curso de la reconquista. Por estas capitulaciones, la corona se reservaba ciertos derechos en los territorios a conquista, mientras que garantizaban recompensas y privilegios específicos para el comendador y los alistados en su compañía”. Esta será, asimismo, la política seguida con respecto a la conquista de América.
Tal como ocurriera con Portugal, una vez más las razzias en África conducirán a un interés por las especias de las Indias, facilitando la aceptación del proyecto de Colón. Pero, también aquí, habrá una diferencia: ante el hallazgo de nuevas tierras y gente, la lógica religiosa dotó a la empresa comercial de un nuevo aspecto. Muy lejos del ejemplo portugués, Castilla optó por una conquista que implicaba “la afirmación de la soberanía, el restablecimiento de la fe, inmigración y asentamiento y una dominación extensiva de las tierras y las personas”.

Fuentes.
Al analizar los textos a disposición , hallamos estos fundamentos económico- religiosos que prefiguraron la conquista de América.
De acuerdo a la fuerte religiosidad de la época a la cual pertenecen los españoles que llegaron al ‘nuevo mundo’, es lógico y sencillo encontrar muchas referencias a la ‘gracia’ de Dios en cada uno sus actos. Sin embargo, es de destacar el relato de la batalla de Cintla ofrecido por Francisco López de Gomara. Mas allá de que su discurso no haya sido compartido por toda la hueste de Cortés y que refiera a un interés por exponer que “sólo con la fuerza de Dios podrá vencer Cortés a un ejército tan numeroso”, me interesa destacar la forma en que el autor pretende conseguir esto.
Gómara escribe: “Le dijeron lo que habían visto hacer a uno de a caballo, y preguntaron si era de su compañía; y como dijo que no, porque ninguno de ellos había podido venir antes, creyeron que era el apóstol Santiago, patrón de España. Entonces dijo Cortés: ‘Adelante, compañeros, que Dios es con nosotros y el glorioso San Pedro”.
En el texto, se destaca la figura del apóstol Santiago que no sólo es el patrón de España, como bien recuerda la fuente, sino que a su vez tiene otro sentido: el sepulcro del mismo fue hallado a poco de iniciada la ‘reconquista’. Así su supuesta aparición no sólo refiere a la colaboración divina que pudiera prestar sino también a la significación que tiene como parte de la historia de la lucha contra el Islam. Apunta a la concepción de guerra justa y misión divina que pretendían tener las ‘cruzadas’ y de ocupación de un territorio entendido como propio.
Esta misma concepción de la guerra será la que impida a la corona esclavizar a los indígenas y a defender su libertad en las ‘leyes nuevas’. Como sostiene Bartolomé de Las Casas, principal influencia en la redacción de dicho documento: “(…) cierta especialidad a favor suyo que los hace más libres que otros pueblos, conviene a saber, que los reyes de Castilla no tenían nada en ellos ni les pertenecían en herencia ni por compra ni por trueque, ni porque los hobiesen vencido en alguna justa guerra movida por alguna justa causa de ofensa que le hobiesen hecho a España, o a la universal Iglesia (…)”
En cuanto a la doble fundamentación de la conquista, la encontramos representada en las palabras de Cortés, de los mismos Reyes Católicos y en cierta medidas tomadas por estos.
En el caso del descubridor, un ejemplo típico de sus móviles se encuentra en la siguiente frase: “Así que deben Vuestras Altezas determinarse a los hacer cristianos, que creo que si comienzan, en poco tiempo acabará de los haber convertido a nuestra Santa Fe multidumbre de pueblos, y cobrando grandes señoríos y riquezas y todos sus pueblos de España. Porque sin duda es en estas tierras grandísimas sumas de oro…”
En cuanto a los monarcas es de destacar una de la capitulaciones otorgadas a Francisco de Montejo. En la misma, expresan: “Y porque Nuestro principal deseo e intención es que la dicha tierra se pueble de cristianos… Digo: que porque esto haya más breve y cumplido efecto, a los vecinos que con vos en este primer viaje y después fueren a las dichas tierras a las poblar, es Mi voluntad de les hacer las mercedes siguientes”.
Aquí no sólo explicitan sus intenciones sino que, también, exponen como la empresa implicaba el poblamiento y no sólo la conformación de un enclave comercial al estilo de las ‘factorías’ portuguesas.
Por último, la profunda imbricación entre intereses económicos y religiosos encontrará su más fiel exponente en la encomienda. Al respecto, un documento de 1678 explica que las mismas “pueden definirse diciendo que son un derecho concedido por merced Real a los beneméritos de las Indias para percibir y cobrar para sí los tributos de los indios que se les encomendaren (…) con cargo de cuidar del bien de los indios en lo espiritual y temporal(…)”. Esto implicaba: “(…) su enseñanza en la religión y buenas costumbres, encomendándoles mucho su buen tratamiento(…)” Asimismo, mientras que los reyes se preocupaban por la formación católica de los indígenas, no dejaban por esto de tener intereses económicos: “Entera el encomendero, cuando se le da la encomienda, la mitad de todo su valor en las Cajas Reales para el derecho de la media nata. //Entera también en la caja Real la renta del primer año siempre que vacan las encomiendas y las pensiones que en ellas estuvieren cargadas (…)”.

Práctico presentado para cátedra de la Lic. en Historia de la U.N.R.

2 comentarios

  1. Dos apuntes de mi cosecha:

    La importancia en aras del avance tecnológico que supuso para España las escuelas de traductores como la de Toledo.

    La cantidad de “hombres de armas” y aventureros sin trabajo que dejaron las “marcas” fronterizas después de la conquista de Granada que agrababan la débil estabilidad política después de los acuerdos matrimoniales entre la corona de Aragón y Castilla a los que había que dar salida.

    Saludos

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